Vi un arquero que aprendió el tiro con arco muy poco tiempo, su maestro era anciano y apenas pudo recibir su sabiduría, en cambio sí aprendió la técnica adecuadamente.
Así practicó durante años, y aunque practicaba cada día logrando tiros excelentes, no había un sentimiento completo, no “desaparecía” con el tiro con arco. Siempre tenía prisa, y aunque sus compañeros según él creía, perdían el tiempo en prepararse para hacer cada tiro, él iba directo a coger el arco, a estirarse y lanzar la flecha, y sentía y pensaba que todo estaba correcto porque acertaba en la diana pero tenía demasiada prisa, demasiada ansiedad. Y entonces un compañero le preguntó:
-¿Qué estás haciendo?
Y él dijo orgulloso:
-Le doy a la diana con la flecha.
Y le contestó el compañero:
-Pero aun no le has rozado apenas a la diana
-Sí le he dado - contestaba él -, mira, clave la flecha en el centro.
Y le respondió el compañero:
-Pero si apenas se ha sentido, no has pasado ni por encima. La flecha no está aquí - y puso sus dedos índice y medio en el centro de la frente -, la flecha está aquí - y puso sus dedos índice y medio en el centro de su pecho.
El se asustó y sintió que algo le faltaba, y preguntó porque no llegaba a más, porque se mantenía en ese nivel, le contestó:
-Tienes demasiada prisa. Yo antes tenía prisa al igual que tú tienes ahora, pero el maestro un día se me acercó y me dijo que la prisa no te permitía ver, ni sentir. Me dijo que la prisa sólo te permite pensar, y el pensar, sólo pensar, nos aleja de lo que realmente somos.
Aun así, el joven arquero no pudo contener su prisa y tenía más y más ansiedad, más y más ganas de “acertar” en la diana, pero ni si quiera se planteaba ser uno con la diana, ni si quiera se planteaba desaparecer.
Entonces ocurrió que un día logró meditar unos minutos antes de tirar con el arco, no sólo sentarse con los ojos cerrados en una postura adecuada, meditó y tuvo silencio. Tras la meditación se levantó, cogió la flecha y el arco y cuando fue a tensar el arco se dio cuenta que no tenía la fuerza en sus brazos para tensar el arco y no le importó, comprendió que en su vida nunca tubo fuerza suficiente para estar en equilibrio, que siempre usó fuerza de más, fuerza de fuera de sí mismo. Y no practico de la misma manera sino que se preparó la mente, el espíritu y no tanto el cuerpo.
Y de aquí aprendemos como una vida puede ser dirigida por la prisa y la ansiedad, pero entonces la persona dejará de ser la diana, dejará de ser la flecha, dejará de ser el movimiento, dejará de ser el conjunto, dejará de ser la preparación, incluso dejará de vivir y se convertirá sólo en quien sujeta el arco y la flecha. Puede que lo haga con elegancia, pero sin saber ni por qué lo hace, de forma autómata. Una persona así no puede ser feliz, no puede sentirse completo.
Pero si uno se siente pleno, se sentirá parte del conjunto, y llorará de emoción porque sabrá que sólo es el impulso que empuja la flecha, pero también es el aire, y también es la madera, y también es el fuego y la energía y el amor, ya no habrá miedo, no habrá tensión, no más prisa, solo presencia.
Y esta es la enseñanza para liberarse de esta prisa que no nos permite vivir, y sólo busca acabar ya, tener más resultados o incluso ser reconocido o ganar más dinero.
Esta prisa se puede sanar, por supuesto, meditando en cada movimiento previo en nuestra vida, hasta que tomemos consciencia de hacia dónde nos dirigimos, cuáles son las actitudes que tomamos y si son afines, si nos identificamos con ellas y comenzamos a vivir en el corazón.
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