Mensajes Espirituales

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Nota: El contenido de este artículo es una muestra del libro Viajando con el Yo Superior

La Llave del Universo y el Corazón de la Diosa

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11osirisvert.jpgTe veo cerca de una pirámide de Egipto. Vamos con camellos, vestidos de árabe. Te pregunto dónde me llevas. Me dices que a mi sitio.

Llegamos a un lugar. Hay una caja en el centro, tiene oro y perlas. Me entran ganas de abrirla y verlo. Te pido permiso para abrir la caja y me lo das. Abro la caja, y al abrirlo sale un resplandor blanco, como de un espíritu. Y de repente escucho: “El que todo lo ve”. Dentro hay dos esclavas con cadenas, unidas una con otra, de tal forma que encadenan manos y pies, y son plateadas, de oro blanco. Te digo:

– ¡Esto es una trampa!

– Nosotros estamos encadenados a nuestro futuro. No tenemos escapatoria.

– ¿Qué significa eso?

– Ante ti hay un espíritu guía que te muestra el camino hacia dónde has de dirigirte. Ese camino eres tú misma, tu Yo futuro. Esa realidad ya está creada. Tú sólo renuevas el camino para llegar a ti misma pero ya eres una parte del futuro, ya has llegado allá. Las cadenas representan que ya no te puedes liberar de esto. No son cadenas duras ni pesadas. Son cadenas que te obligan a seguir tus propios pasos. Huir del camino no tiene sentido, huir de la responsabilidad de ser tú tampoco tiene sentido, estás en el camino, y desde que te pones en el camino, te dan esta caja de la que sale tu espíritu guía y las cadenas que te unen a tu propia vida, a tu propio destino.

– No es nada agradable de ver todo esto.

– En realidad sí lo es. Significa que nadie se va a perder. No hay error. ¿Tú que sabes del futuro?

– No lo sé.

– Sí, algo sabes.

– Que todo esto pasará, que viviremos bien, en calma, en hermandad.

– ¿Acaso crees que hay algo que puede evitar ese futuro?

– Tengo fe en que no ocurra eso.

– Pues esas son las cadenas que llevas puestas, es la sumisión hacia el plan divino, y que el plan divino se cumpla, tal cual la palabra de Dios.

Te pregunto:

– ¿Por qué estamos en un desierto?

– Este desierto es un lugar especial, pues aquí empezó todo. Las personas creen que no hubo un lugar de comienzo, pero sí que hubo, y fue aquí. Aquí bajaron los primeros cetáceos, en este punto energético, las primeras almas de luz.

Cuando regresaron los hombres sabios lo escribieron en papiros, hicieron grandes templos para que quedase claro cuál era el lugar exacto donde la vida llegó al mundo, a la Tierra. Esta es la tierra prometida. La Tierra después se reconstituyó varias veces, pero ese lugar sagrado ha quedado marcado en las escrituras. Cuando los hombres registren los templos más sagrados, allá en el corazón de la Diosa, encontrarán el manuscrito que dice toda la verdad de todo lo que fue, todo lo que es, y será.

¿Sabes qué harán? Lo romperán , y esto creará tormentas. Las tormentas durarán días y noches. El cielo quedará oscuro. La Virgen llorará sangre. Y entonces despertaremos. La Tierra prometida habrá abierto sus puertas a un nuevo amanecer. Esta es la profecía sagrada de los Dioses de Egipto. Allá en el Corazón de la Diosa se halla la respuesta a la nueva verdad, al nuevo mundo.

Y sigues:

– La llave del Universo está aquí, en el corazón. Existen unas líneas energéticas que cruzan todos los continentes y confluyen en ese punto. Nosotras  nos encontramos dentro de dos de esas líneas energéticas, que cruzan la península adecuadamente. Este es un punto de luz y ha de ser cuidado. En el corazón de España se encuentra esta sabiduría. Por eso en España va a haber salvación, porque hay un punto de luz. Todos los puntos de luz están conectados, a través del corazón de las personas que trabajan para el plan de luz. Tú estás comprometida en ese plan. Por eso te indico todo esto.

–  ¿Y qué me dices de ti?

– Yo también estoy dentro de ese plan. Mi trabajo es informar a los guías de caminos como tú, dónde se hallan las respuestas. Conscientemente es lo que hago. Inconscientemente, al igual que todos, batallo contra el ego. Inconscientemente estoy sorda, pues no oigo la verdad en mi corazón, inconscientemente no veo; no veo la luz de los ojos de mis hermanos. Inconscientemente no soy yo, pues mis pasiones me derrumban, me pueden. Pero tú sabes que somos algo más que aquél que nace. Te voy a enseñar algo más antes de irme. Este mensaje ha de ser guardado y mostrado más adelante, para que otros puedan verlo, tal cual te ha sido recibido.

Nos alejamos y veo una tumba. Escucho “Tutankamon” de lejos. Sé que la tumba de Tutankamon estaba más lejos de donde nos encontramos pero siento que hay alguna relación con toda esta historia.

Me vas a enseñar una vida pasada.

Nos alejamos sobrevolando el desierto hacia occidente. Llegamos a la zona de Marruecos, veo cabras. Las cabras van por la calle, hace calor, se respira un olor muy raro. Parece carne podrida con especias para que no se note que está muy podrida, y un caldo raro. Te veo.

Eres una mora. Eres muy hermosa, joven. Llevas unos tatuajes en las muñecas. En el rostro te vas a poner o ya llevas otro. Te quieres tatuar también las manos, con adornos árabes muy hermosos, en un color rojo, de tierra .

Tienes una cicatriz en la boca, una vez te pegaron y golpeaste tu cara con una piedra y te hiciste una brecha, pero ya está cerrada. Allá donde vives las mujeres no son bien tratadas. Te sientes muy vulnerable, y muy mal. No estás casada, han mancillado tu honor de alguna manera y la marca de tu cara lo demuestra. Entonces los hombres no quieren casarse contigo, saben que no eres virgen. Y como eres tan guapa siempre estás en peligro. No te quiere la gente. Los niños sí te quieren, porque por un lado tontean como si fuesen hombres, pero por otro lado son niños y se ríen contigo.

Te sientes muy desgraciada, y juras y perjuras durante toda tu vida, y maldices todo, odiando todo. Te pasas toda la vida odiando. Los hombres tienen relaciones contigo, se aprovechan de ti. A veces te gusta, te produce placer sexual, y eso hace que te duela más.

Mueres muy joven, un poco más de 20 años, no tienes hijos. Cuando mueres, no se quieren hacer cargo de tu cadáver, porque no eres una persona limpia, no tienes honor, y tampoco tenías marido que se hiciera cargo. A escondidas, unas mujeres del pueblo lloran por ti, porque comprenden lo que te había ocurrido.

Pero tú espíritu no lo comprende, que lloren por ti y que no hubieran dicho antes que te entendían. Tardas unos meses en ascender.

Te duelen muchísimo las manos cuando estás a mitad de camino, ese dolor aún lo guardas dentro, dolor de manos. No me muestras de qué es el dolor, pero tiene que ver con tu proceso de muerte. Donde hay dolor, es más difícil que se sanen las heridas etéricas y se deshaga el cuerpo, seguramente moriste con dolor en las manos.

Tu alma me mira, está llena de compasión. Me da las gracias y se va.

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Altaïr García

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