Este artículo es el primero de una nueva sección en la que pienso publicar algunos de los viajes del alma que próximamente voy a editar en un nuevo libro. Estos viajes son contactos con el Yo Superior o consciencia elevada de las personas que me han consultado o han realizado cursos conmigo durante parte del año 2009.
Son viajes de luz, de iniciación y de recuerdo donde el alma de la persona o su conciencia ascendida me lleva de la mano a una vida anterior, a lugares significativos del alma, al interior de la persona o incluso a través del espacio a reconocer una vez más la familia de luz.
Estos viajes se convierten en enseñanzas y mensajes del Yo Superior al yo temporal, muchas veces rebelaciones y mensajes claros y concisos dirigidos a elevar la conciencia en la Tierra, mensajes de luz de los que todos podemos aprender y disfrutar.
Son viajes personales, pero están llenos de sabiduría, amor y energía reconectora.
¡Disfrutadlos!
Te me muestras como una niña, y te ríes, tienes unos 5 años. Muy guapa. Te falta algún diente. Te ríes y se te ve los huecos de los dientes que te faltan. No es una imagen real de ti misma, es algo que quieres mostrarme. Sales corriendo y me haces ir detrás de ti. Te chupas el dedo índice, abres una puerta, y sigilosamente me haces entrar.
Dentro está todo rojo, hace mucho calor.
Veo hombres trabajando en una mina. Hace muchísimo calor, parece una zona volcánica. Se echan agua por su cuerpo para refrescarse. Los hombres son jóvenes y fuertes, eres uno de ellos. Me muestras que tienes los pulmones negros, contaminados, no vivirás mucho tiempo más.
Eres muy atractivo y muy fuerte, muy joven. Bebes agua y se nota como todo tu cuerpo sediento se alimenta de ella.
Te sientes muy cansado. Llevas pantalones pero no camiseta, y goteas sudor.
Salís de la mina. Llevas un gorro muy finito, parece que es de adorno. Te quema el sol. La luz en los ojos te molesta muchísimo, te has tirado muchos años dentro de la mina y ya no soportas la luz.
Hay una mujer en tu vida, la siento pero todavía no la veo, la siento en tu corazón.
Ahora vais a la taberna, bebéis cerveza, es sano el alcohol en estos casos, es líquido y alimenta tu cuerpo, lo necesitas. Todos los de la mina bebéis porque lo necesitáis, no por alcoholismo. Se te ve cansado. Los pulmones están ya muy enfermos, estás sin energía y a punto de enfermar claramente.
Vas a casa, estas muy borracho, te echas en la cama. En la casa está la mujer, te cuida, te pone una tolla húmeda en el cuerpo como si tuvieses fiebre. Te coloca bien en la cama, te desviste.
Llora cuando tú duermes. Luego sonríe, porque se siente feliz de que su marido sea tan buena persona como tú eres. Hay mucho amor entre vosotros dos, aunque no la hayas hecho caso al llegar. Se queda mirándote mientras duermes.
Cuando te despiertas, la ves, y la abrazas. Ya no estás tan borracho. Vuelves a dormirte.
Ha pasado un tiempo. Ahora te veo muy enfermo. Realmente duermes tanto por la enfermedad, necesitas descanso.
Creo que vais a tener un hijo, si no ha sido ya, siento la presencia de un bebé en camino o que está por ahí. La amas muchísimo. Te sientes muy mal cada vez que os separáis. El amor que tenéis es de almas gemelas, de un reencuentro, algo muy bonito y te sientes fatal porque sientes que estás enfermo y que puedes morir. Sabes que hay más hombres que han muerto en la mina, y sabes que te puede ocurrir lo mismo, y no se lo has dicho pero ella también lo sabe.
Vivís cerca del mar. No sé de qué es la mina, no me enseñas más de esta vida. Es una vida muy cercana.
Ahora te veo los ojos, los tienes rojos, enfermos, de estar en esa mina que te quema los ojos, no ves apenas nada. Están irritados, muy inflamados. Y te cuesta respirar. Tienes mucha ansiedad por no poder respirar del todo. Llevas muchísimos años trabajando en la mina, creo que desde la infancia. Tú crees que es un buen trabajo. No crees que es un castigo, te pagan bien, está todo bien. Siento que te ahogas, tienes esa ansiedad todo el rato de no poder respirar, sensación de ahogo.
Veo cuando te mueres. Nada más morirte, lo primero que haces es respirar. Vienen a buscarte tu familia de luz y te dejan unos segundos para que respires hondo.
Estuviste casi toda una vida sin poder respirar bien.
Cuando falleces sabes que ya estás a salvo y podrás respirar, y te emocionas muchísimo, como un niño pequeño en los brazos de los que fueron tus padres, que vienen a buscarte. Te emocionas sabiendo que todo era temporal, que ya pasó todo. Cuando miras para atrás esa vida, sigues sintiendo un poco ese ahogo.
Tu alma quiere que respires para superarlo, y que te sientas en paz, contigo misma. Me dice que ha habido muchas otras vidas, que éstas son las más inmediatas, las ha habido mucho mejores, y otras mucho peores. Dice que pronto empezarás a recordarlas. Pero hoy necesitas acordarte de ésta. Me enseña que te queda un gran camino.
Al poco de acabar esa vida volviste a nacer. Falleciste muy joven, 23 ó 24 años. Sentías que habías encontrado el amor de tu vida. Y morir para ti fue muy duro, porque no querías abandonarla. No era tu alma gemela, pero tú lo sentías así, y aún te duele esa despedida porque sientes que la abandonaste, y cuando ves a esa persona en la vida actual te sientes culpable.
Está en esta vida junto a ti. No en la misma forma, ni en el mismo tipo de relación, pero tienes que liberar esa culpa, pues te ha hecho mucho daño. Me enseñas que la mujer al poco tiempo de tú morir, volvió a casarse. Y aunque no te olvidó nunca, fue feliz. Vivió bien. Volvió a encontrar el amor. Tu alma me muestra que no has de sentirte culpable.
Ahora me enseña tu conexión con el Cristo. Tienes una comunicación íntima, especial con Cristo. Ahora mientras me hablas así, ya no tienes el aspecto de niña, ni del joven de la otra vida, eres una mujer más mayor.
Tienes una comunicación muy directa con él, es tu maestro.
Sabes que lo que se ha escrito de él no es ni por asomo lo que ocurrió. Tú viviste con él, cerca. Erais muchos que vivisteis a su lado y en ti están sus palabras y sus enseñanzas, y en esta vida las empiezas a comprender y hacerlas reales.
Has tenido otras vidas antes, en las que has llegado a un nivel de evolución más alto que el que ahora tienes, pero no a lo que vas a llegar en esta vida. Te queda mucho, pero cuando comprendas esa conexión que tienes con el Cristo, tu vida cambiará completamente.
Tienes mucho que ofrecer, hay mucha sabiduría en ti, y mucha luz, y tienes que comenzar a descubrirla tu misma.
Me hablas raro ahora. Un idioma que no entiendo, paree árabe pero no lo es.
Eres un hombre muy delgado. Eres un judío, pero estás medio afeitado. Eres semita. No llevas apenas ropa, sólo un trapo que hace de calzoncillos, y vas descalzo. Sonríes.
Eres un apóstol, me muestras que eras uno de los cientos que había. Estás muy delgado. Sonríes con alegría.
Me señalas un punto en un monte, como diciendo que vais todos hacia allá, estás feliz.
Me das la mano y me llevas hacia allí contigo. El camino es de piedras, de cantos. Tú vas descalzo y te duelen los pies, pero no te molesta. Lloras de dolor físico, pero no sientes ese dolor, estás en un estado en el que el dolor no te molesta. Te pregunto:
-¿Por qué vas descalzo?
Me dices:
-Yo soy esas piedras, no me hacen daño, son yo. Me hace daño el estar lejos del Padre. El creerme mejor que otros. Pero no me hace daño un canto en un camino. Sabemos que nos quedan muchos años de separación y soledad. Pero hemos comprendido que todo es parte de un mismo momento-juego-rol -una palabra sin traducción-. Yo soy parte de ti.
Me pone su mano izquierda en mi pecho.
-Tú eres parte de mí.
Mano derecha en su pecho.
-Estamos unidos. ¿Por qué nos sentimos desgraciados, si estamos unidos?
Sonríes. Eres un poco feo. Y te ríes más de saber lo que pienso, y te ríes más, no te importa, te sientes muy bien contigo mismo.
-Ya me han dicho que en este tiempo somos todos un poco feos.
Sigues caminando, hay más gente, pero sólo te veo a ti, tu aura es muy grande, como de 4 metros.
Me enseñas un momento en el que Jesús te cogió de la mano, y estuvo hablando mientras te tenía cogido de la mano –ay, qué emocionante–. Me dices que somos todos sus hermanos. Para ti, ese momento te elevó muchísimo, sentiste mucho amor. Vuelves a reírte. Me dices:
-Me han pasado cosas maravillosas en mi vida, y me van a pasar cosas mucho más maravillosas en esta vida, y es verdad que sólo me alimento de lo que el Señor me da en el camino, pero no paso hambre de espíritu.
Te marchas, y me das algo en las manos. Es una piedra, manchada con sangre de tus pies. Me la das con amor, como que la piedra eres tú, como que quien te hace daño, sólo puedes ser tú mismo.
Te vas.
Altaïr García
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