Mi hermana, esta espera ha sido crucial para poder enviarte este mensaje que hoy te entregamos.
Eres un ser de paz, un ser venido a la vida para dar paz. Mucho tiempo atrás viviste en las batallas humanas, en guerras duras y severas, y en esta vida, aprendida la lección de la guerra, quieres enseñar a los hermanos lo valiosa que es la paz. Mi amada, te animamos en este trabajo que haces a diario para lograr esta misión, esta entrega que haces al mundo de tu sabiduría y tu luz. Que haya paz.
El mundo, mi amada, necesita de tu paz, de la paz de los hombres. La paz es algo mal entendido en muchas ocasiones, la paz no es sólo un espacio de silencio, no es una situación en la que nadie dice nada pues no tiene nada que decir. Es bueno encontrarse con el otro y discutir sobre lo que uno opina, tener diferentes opiniones es bueno, lo sabes, pero la paz significa algo más que esa tranquilidad, la paz es la reunión de los hermanos en un mundo de hermandad. La paz equivale a apagar la lucha interna que todos los hombres tienen por lograr ser algo más de lo que son. Las ansias por ganar, por tener más, por lograr algo que no se tiene, eso ocasiona los problemas de la población actual mundial, la codicia del poder y el control.
Mi amada, lo sabes bien, tu misión de vida, tu entrega al mundo, es entregar esta paz a quienes están junto a ti, lo sabes bien.
Mi amada, eres paz.
Es necesario que los hombres comprendáis que el reino de los cielos siempre estuvo en la Tierra, pero sólo a través de un corazón limpio, libre de codicia, se puede observar los dones de este plano de conciencia, sólo con el corazón libre. Cuando los hombres intentan vagamente alcanzar un equilibrio en su vida, se encuentran con pequeñas situaciones difíciles que superar, y estas situaciones son todos aquellos proyectos que llevaron a cabo en un pasado contrarios a este equilibrio que ahora buscan. Es muy probable que un hombre alcance la paz en su vida, alcance el equilibrio en lo que es y lo que tiene, pero si en un pasado avasalló lo que otro era o tenía, antes de lograr ese equilibrio, deberá deshacer aquello que en el pasado hizo.
Hoy, mi alma, aprendéis esta lección. Durante mucho tiempo el hombre considerado “civilizado” avasalló con lo que otros tenían y eran, pisoteó campos y personas y arrasó con todo aquello que se interpuso en su paso. Aún hoy, mi amada, aún hoy ocurre esto, y es motivo de muchas lágrimas entre los ya conscientes. El ver como el hombre pisotea al otro sin ton ni son, solo por encontrarse allá donde él quiere ir o pasar. Esta situación se repite día tras día, no hay posibilidad de cambiarla tal y cómo funcionan las bases del llamado mundo moderno.
Hoy tú, mi alma, estás rodeada de cosas, pequeños objetos aparentemente de valor, creados a través de esas ansias de tener más. Y este avasallaje es lo que dificulta que reine la paz en la vida.
Las personas hoy encontráis un gran bloqueo para florecer como especie, como clan, como hermandad, pues esa hermandad no se ha creado, al contrario, se ha separado y se ha dividido la Tierra con el objetivo de controlar lo que en ella crece y se siembra.
Mi amada, mi querida, estás a tiempo de ver que todo esto va a ser modificado, ya no da más de sí el planeta y él mismo acabará con estas divisiones, no como castigo, no mi alma, sino a fin de que todos los hermanos y hermanas de la Tierra puedan nacer y crecer libres, que no les falte de nada y que no les quiten lo que la misma tierra les entrega. Este cambio que va a vivir el planeta es un regalo para la humanidad y un regalo para todos los seres vivos que en ella habitan. No creas que no es así.
Muchos observan y leen sobre los futuros cambios como un castigo ocasionado por los problemas humanos vividos en los últimos dos mil años, pero mi amada, nada más lejos de la verdad. La amada Gaia necesita este avance, este crecimiento y este florecimiento, necesita dar este salto y ella, amorosamente, permite a los hombres que habitan en el planeta que den este salto de conciencia con ella, a fin de que vean la luz en un plano superior.
Ella, la amada Tierra, os lleva de la mano hacia un futuro donde no hay escasez, no hay control, no hay separación.
Has de comprender la importancia de este salto en todos los niveles, pues parte de tu misión de vida tiene relación con este cambio. Tú trajiste la paz en tu nacimiento, y cuando alguien nace con ese objetivo siempre hay problemas. Parecen pequeños problemas, pero luego son grandes sucesos que ocasionan grandes cambios en las personas y en las vidas humanas. Así viniste a la vida, con el objetivo de cambiar a los que te rodeaban y de cambiar la vida de los hombres. De cambiar sus miras y de acabar con la soberbia y el control sobre los demás.
Esta injusticia siempre fue algo que te dolió muy de cerca, pues, ante todo, tú viviste semejantes emociones en otras vidas. Conoces el orgullo, conoces la codicia y el miedo, conoces la lucha, la pelea, conoces la impulsividad humana y su ignorancia. Y amada, deseas como nadie que eso termine a fin de que haya un mundo de igualdad, de equidad y de bondad.
Y así repartes tu luz entre todos los hombres. Y amada, este es tu plan de vida. Es un plan hermoso, sencillo y bondadoso.
No naciste para cumplir ninguna misión personal, tu objetivo en el nacimiento ante todo es para los demás. Y eso te honra, tú vienes al mundo para dar, no para recibir, sólo para dar. Por ello, mi amada, estás libre de culpa, de miedo ante el posible futuro, estás libre de caer en las trampas del ego humano y estás libre de caer en la psicosis colectiva, en los problemas graves de la mente, esa no es tu batalla. Tu batalla, al contrario, es sacar y prevenir a los demás de que existen esas trampas.
Continuamente vives al borde de un precipicio, y ese precipicio lo puedes llamar de muchas maneras: escasez, miedo, tensión, vicio. Eres tú quien ve el precipicio y alerta a los demás hermanos y hermanas de que ese lugar está ahí, de que hay un precipicio y pueden caer. Eres tú quien pone orden y aclara la situación. Ten claro que por esta razón siempre viviste en semejante situaciones.
Eres un ángel mi amada, un ángel precioso, y tu misión es dar, no recibir. Así que, por ello, hoy, te traemos un regalo, pues, ya que la tierra que hoy pisas no te puede dar regalos, pues esa no es tu elección de vida, te lo traemos nosotros, desde el cielo.
Queremos que cierres los ojos y veas algo que traemos directo para ti, desde el corazón de Dios.
Amada, cierra los ojos unos momentos.
…
Mantén los ojos cerrados.
…
Continua con los ojos cerrados, descansa de todo lo que hoy te ocurrió y todo lo que hoy te ocurrirá y respira este momento.
…
Descansa y cierra los ojos
…
¿Lo has visto? ¿Lo has sentido?
Ese recuerdo eres tú, mi alma amiga. Eres tú. Ante ti esa luz inmensa que eres tú misma, es tu conciencia ascendida. Ten claro que es así y bienvenida a esta claridad, a este momento de luz.
Este es mi regalo, nuestro regalo, una visión clara de ti misma.
¿No es suficiente? Vuelve a cerrar los ojos, pero esta vez respira antes y deja atrás toda preocupación. Tú cierra los ojos y espera.
…
¿Lo viste ahora? ¿Ese ser de luz que ante ti se encontraba? Amada, ese es tu guía, tu maestro. Ese es nuestro regalo hoy para ti.
Es un hermoso regalo para bendecir tu venida al mundo. Guíate por su luz, mi amada, por la luz de tu Señor.
Guíate por tu piedad, por su bondad, por su calor.
Él es piadoso, y eso aprendes hoy de él.
Y este es mi regalo, nuestro regalo, ese encuentro con tu Señor Jesucristo.
Gracias por recibirlo.
Ante todo gracias por recibirlo y caminar su camino. Tú guías hoy a los hombres hacia una conciencia mayor, una conciencia de hermandad. Tu misión, mi amada, dar paz, dar luz, entregar ese sentimiento de piedad divina, entregarla en forma de tu claridad mental, de tu sonrisa. No dudes de ti misma, pues no has de dudar de quién tú eres, de tu luz y tu bondad. Eres un ángel.
Me dirás que ya lo sabías, pero no, no lo sabes, amada, eres un ángel. No una persona humana; los hombres, todos, son ángeles disfrazados y perdidos en su cuerpo y su mente ignorante. Y tú, como todos, eres un ángel. Vístete tu ropaje de luz y sal a la calle para avisar a todos de que hoy, justo hoy, recibiste un regalo, hoy cerraste los ojos y ¡adivina a quien viste! A ti misma y a tu maestro, a tu guía. Pues tú, mi alma, eres un ángel.
Este es mi mensaje, guárdalo, guárdalo bien y ábrelo más adelante, justo dentro de un par de meses, y reábrelo y reléelo y comprenderás lo que cambió de ayer a hoy y lo que cambiará de hoy a dentro de dos meses. Mi amada, dos meses tardará la energía que junto con este regalo te damos, en llegar y anclarse en tu día a día.
Bendita seas mi amada amiga. Estoy junto a ti y te amo.
Te amo.
Gracias por recibirme en este bendito día de luz.
Gracias.
Canalizado por Altaïr García
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