Mi hermana. Ante ti me desvelo, ante ti abro mis ojos y me turbo. Eres un ángel. Un dorado ángel lleno de cálida luz. Eres una mañana llena de sabiduría, llena de pasión, de amor, de dulzura. Ante ti abro mis ojos y me descubro, para ti.
Yo soy el Arcángel Zadquiel que vengo a importunarte con mis palabras de fe. Soy tu trabajador, tu acompañante.
Notaste que algunas personas tienen como guía un ángel y otras un arcángel, pero en verdad no hay un tú y un yo, no hay tanta diferencia como los nombres hacen creer, Yo Soy el Arcángel Zadquiel y estoy aquí, a tu lado. Y gustosamente te releo este mensaje que escribí para ti. Venido de tu fuente, sólo para ti.
De ti surgen chispas, de tu luz surgen chispas doradas, pequeñas, increíbles. Y revelan la identidad angélica que tú eres.
En tu camino estoy yo, en tu camino yo vivo y a tu lado Soy.
No eres un alma cualquiera, pues no existen las almas cualquieras, todas son hermosas almas hijas de Dios. Todas las almas del planeta son especiales y hermosas almas venidas a la tierra a vivir. Pero no has de dejarte engañar por las apariencias, no todas son traídas de esta vida y de otras vidas, algunas han nacido a tu lado hoy por primera vez, no nacieron antes en la tierra. Vinieron a vivir una aventura con sus hermanos. Es importante que recuerdes esto para lo que hoy te voy a decir.
Durante mucho tiempo las almas de la tierra tienen un camino de despertar. Un camino que lleva ya muchos años y fue iniciado hace 2500 años por el Maestro Gautama Buda. Todas las almas continuando este despertar deciden liberar sus karmas para poder renacer en la espiritualidad, en una vida de plenitud y de conciencia. Y aquí estás tú, mi ángel en la tierra, viendo que todo esto está ocurriendo y permitiendo que en ti renazcan los dones que el padre te ha entregado.
Es maravilloso verte renacer cada día y resanar lo que ahora eres. Es maravilloso lo que eres. Eres una pizca de luz preciosa y eres bendecida con estas palabras para toda tu vida.
Mi ángel. Mi hermosa mujer. Estás en un camino de liberación de karma. Y ese camino no es un camino personal, es un camino “comunitario”, un camino de toda la humanidad. No es un error que uno haya cometido en una vida anterior, sino una serie de imprudencias, podríamos decir, que se han ido cometiendo durante muchos años, vida tras vida en la tierra, y que aún perduran pues gran parte de la población ve en ese tipo de situaciones la razón de vivir.
Ya sabes a qué me refiero, y no es negativo perderse en la oscuridad, es una elección más. Pero ahora, una parte de ti ya sueña en un mundo nuevo, renovado, y hacia él te encaminas.
La limpieza para llegar a ese punto es una limpieza dura, muy severa, y se realiza a través de unos escalones: el camino del discipulado.
Eres un discípulo mi amada, y tu maestro eres tú misma, que tras esta cortina de inconsciencia te guías desde tu amor.
En estos escalones encontrarás todos los problemas actualmente en la humanidad, estate muy atenta entonces a este mensaje pues en él se mencionan gran parte de situaciones que pueden darte solución en la vida.
Primero observarás el dolor físico y mental. Y ese parece ser un gran agravio en la vida. ¿Pero y si el dolor físico pertenece al dolor mental? Observa bien, ¿no es el cerebro el que traduce los síntomas del dolor? Por ello yo creo oportuno anotar que sólo hay dolor mental.
Vamos a analizar un poco ese dolor.
El dolor mental, la inconsciencia, nace de la falta de conocimiento y de objetividad. La persona, en su subjetividad limitada, denomina, tiende a ir, o cree en un camino u otro. Y eso le crea desconcierto, le crea la vida que ahora vivís. El hambre es una ilusión, el dolor es una ilusión, la pena es una ilusión. Las injusticias….
Recuérdalo.
Tú ya lo sabes.
La falta de conciencia evitaría una serie de situaciones difíciles ocasionadas por cada individuo en su inconsciencia colectiva. Es pues necesario sanar el dolor de la mente humana, de la humanidad. No del individuo. El dolor global. ¿Y cómo se sana eso? Siendo más consciente. Y mi amada, no es excusa, pues permanecer en la inconsciencia es en muchos casos una elección.
Hay personas que nacen y no tienen elección de vivir en las condiciones que viven, sus almas decidieron vivir en esa situación. Pero hay muchas que deciden nacer y vivir en un punto con una consciencia, y su yo temporal, el hombre, no logra habituarse. Prefiere nublar su mente a turbar sus sentidos por la verdad.
Esto es la ignorancia, esto es el ensueño global de la humanidad. Un ensueño producido al querer huir de lo interno hacia lo externo, de lo conocido hacia lo desconocido. Pero ¿por qué el hombre tiene miedo a su propia consciencia? ¿Por qué no se enfrenta a ella?
Mi amada, el hombre prefiere vivir a luchar, pues la vida es fácil, pero el camino es duro. Tú ya lo sabes pues estás en él.
El dolor por la falta de consciencia es un dolor ancestral, la humanidad carga con él hace mucho tiempo. Es un dolor interno y muy poco relacionado con la espiritualidad, pero si eres “consciente” verás que todo el camino del discipulado es un continuo despertar de la conciencia hacia un despertar completo.
Mi amada, continuo ahora por un punto algo más asombroso para muchas personas.
El siguiente escalón en el camino del discípulo es un escalón algo más empinado para muchos. Se trata del deseo mayor humano, y la negación de todo deseo.
El hombre, en su inconsciencia, elige el deseo. El deseo es un impedimento del crecimiento pues libera la mente de su consciencia y permite a la persona ser impulsada por sus impulsos salvajes en vez de enfrentarse a ellos.
Este escalón, ángel mío, es un escalón duro. Atravesarlo consiste en liberar la mente y el cuerpo de todo deseo humano y permitir que sea uno mismo quien tome el control. Subir este escalón requiere autovaloración, autocontrol y consciencia de sí mismo. Conlleva un entendimiento de las necesidades reales y de los impulsos del cuerpo. Y este escalón es necesario pasarlo por todos y cada uno de los iniciados.
Muchos de ellos cuando llegan a este punto deciden volverse atrás, o piden ayuda para ser ascendidos sin mirar abajo. Una cosa u otra no es lo que hay que hacer. Los deseos son elecciones propias en el camino, nadie los puso ahí salvo uno mismo. Por ello es importante que veas que sólo uno mismo puede sacarlos
¿Un ángel puede ayudar a un hombre a dejar sus vicios? ¿Un hombre puede ayudar a otro hombre en esta tarea? No mi ángel, no es así. Un hombre ha de tomar él solo la decisión de qué camino tomar. Un hombre puede actuar como intermediario del corazón, de la razón o de la emoción y el ego, pero es el hombre quien elige.
En este camino, la carencia de deseos siempre se confundió con la carencia de emoción pero hermosa mía, eso no tiene relación. Las emociones son preciosas gotas de sal sobre la vida, son necesarias y cumplen una función importante. Pero el deseo es el dejarse “inconscientemente” perder por esas emociones, dejar que las emociones, la sal de la vida, lleve la delantera en las decisiones importantes y permitir que sea la luz la que se oculte tras estas emociones.
Este escalón hace que muchos sean los que abandonen el camino y a ti, ángel mío, también te ha sido y te es muy duro de subir.
Otro escalón del que quiero hablarte es la soberbia. Este es un escalón muy puntiagudo pues habla de castigo, de poder y de envidia. Los hombres se creen en poder de decidir el futuro ajeno, de aconsejar sobre lo que otro ha de hacer y de inmiscuirse en la vida del otro con ligereza.
El verdadero discípulo sabe que no es así, que no puede uno inmiscuirse en la vida de nadie y sólo a aquel que te pide ayuda puedes ofrecérsela. El discípulo no se cree por encima de otros, por ello no les recomienda ni les dice qué camino seguir. ¿Acaso tú llegaste a la meta y volviste? ¿Acaso ya sabes lo que habrá en el final de cada camino?
Como no es así, mi hermosa, es mejor que no digas nada sobre el futuro ajeno, que no intentes controlarlo. Controla tu conciencia, tu luz, pero no a los demás.
La soberbia invita al hombre a creerse por encima de otros, pues hace al hombre compararse con Dios. El hombre es una conciencia dormida y ante todo sólo es eso. Una conciencia en el proceso de despertar.
Hay un escalón más, ángel mío, que es muy duro para las mentes humanas y que en última estancia todos tiemblan ante él. Es el miedo, ángel mío. El miedo es un invento humano muy atrevido que separa al hombre de la fe, le separa de la luz y en el último momento, justo antes de alcanzar la antorcha de la liberación, aquel hombre que es tentado por él y se pierde en el miedo, deja de ser consciente y ha de empezar el camino.
Muchos consideran duro este punto pero así fue siempre y eso rebela la historia de la humanidad. La humanidad es una raza perdida en el miedo y a través de éste deja de Amar.
La vida, ángel mío, es Amor, y solo con una mente limpia, carente de deseos, sin envidias ni soberbia y consciente de sí misma puede completar su círculo y ser consciente de quién es. Pero ante todo, si no abre el corazón plenamente, si en su camino se deja llevar por el miedo y realiza este trabajo solo por miedo a su propia oscuridad, no estará realizando el camino correcto, será otro pero no un camino de luz.
Ángel mío. La meta no es librarse a uno mismo del miedo, ni de los deseos, ni tampoco dejar de ser inconsciente, la meta es abrir el alma, el corazón y AMAR. Pues el Amor es el único camino correcto hacia el despertar.
Por ello muchos hombres en muchas religiones alcanzaron altos grados de consciencia, de control propio, pero no lograron pasar la última prueba, pues no les guiaba su corazón, sino su mente, su razón y su miedo a perder esta consciencia o a lo que pudiera pasar.
Hoy estoy contigo para recordarte estos pasos pues son importantes para ti y tu vida ahora.
Sólo este mensaje te traigo con todo mi amor para ti, ángel mío, ángel de Dios.
Estoy contigo en cada momento y no faltaré de tu lado hoy ni en toda tu vida. Soy Tú.
Gracias mi estrella de luz.
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