En algún lugar, hace mucho tiempo, vivía una niña muy hermosa, tan hermosa que los habitantes del lugar y amigos que la conocían no podían pasar un día sin verla, siempre iban a ver su belleza para sentirse felices. Todos la amaban, amaban su belleza. Saltaba a la vista lo hermosísima que era su risa, sus ojos, su cabello, incluso su piel clara, sus mejillas rosas y su cuerpo menudo. Debía rondar los 9 años nada más, era muy pequeña. Su edad era tan joven que los hombres aun no la podían pedir matrimonio. Era tan joven que aun era una niña. Aun así su belleza era tal que todos en el pueblo ya estaban deseando que creciese para comprobar que seria así siempre: ¿Su belleza seria inmune al tiempo y a los años? O se apagaría con la edad. Yo no recuerdo haber visto una niña tan hermosa en mi vida, era la cosa mas linda que pueda existir, y así paso, que su belleza y sus dones eran superiores a los que un hombre y mujer puedan esperar.
La niña tenia un hermoso anillo en el que había una inscripción con letras negras, grandes y claras donde estaba escrito:
“Lo que tu necesitas para ser feliz, lo que tu necesitas para ti, tu amor. No hay nada como el amor para hallar la felicidad.”
Puede parecer una barbaridad este mensaje en un anillo pero era lo que estaba puesto. Eran letras grandes pero cabían perfectamente. Ella lo llevaba con mucho cariño porque un día se lo había regalado su amigo especial: un duendecillo que salió del bosque.
Ha ya mucho tiempo que la niña tenía la compañía de su amigo especial. Era un amigo que solo ella podía ver y oír. Era un amigo mágico y ella lo quería mucho. Nadie sabía que la niña tenía ese amigo. No se lo decía a nadie porque sabía que no la creerían, estaban todos en sus asuntos y no veían nada más allá de lo superficial. Así que se guardo el secreto de su amigo invisible y otros secretos que creyó oportuno.
Su amigo era un ser mágico, amable, simpático, la contaba gracias y la hacia reír. También le daba abrazos cuando se sentía triste y le agarraba la mano cuando tenía miedo. Juntos eran unos amigos muy especiales y mágicos, porque cuando ella estaba con él, él se sentía mágico, él sentía que todo en el mundo tenia sentido, que su papel en la vida tenia un sentido. Estaba ahí, sólo para guiar a la niña hermosa, a ayudarla y a preservarla de los peligros. Sin embargo, esto no lo sabían las personas que veían a la niña. Todos la veían muy hermosa y creían que era indefensa. Y como era tan tan hermosa, creían que cualquiera que la viese la querría hacer daño o la querría para sí.
La asustaban con sus miedos. La llegaron incluso a encerrar en una casa para que nadie la viese a no ser que fuese de mucha confianza. Así paso que la niña estaba sola y encerrada en una casa y no podía salir, a no ser que fuese para ir al cole o a la iglesia o con sus padres. Ella ya tenía 9 años pero era tratada como una niña de 4, no podía estar sola nunca. Y la única excusa era que la belleza podía ser peligrosa.
- La gente, se convierten posesiva con las personas hermosas, las quieren para ellos y no queremos que te hagan daño - le decía su mamá y su papá.
- Pero yo quiero salir - decía ella -. Yo quiero acompañar a los niños y a la gente a la feria y al campo. Quiero caminar, jugar y saltar como los demás niños. No quiero estar encerrada. No entiendo por qué todo es tan complicado.
La niña no resistía el castigo que tenia encima de no poder salir sólo por ser hermosa. Ella quería salir, quería jugar e ir con lo otros niños. No soportaba estar siempre encerrada. Estuvo así mucho tiempo, casi tanto que no recordaba haber salido a la calle ningún día. Sucedió incluso, que ya no pudo ir al cole porque no tenia profesora sino profesor, y a sus padres no les gustaba que un hombre dirigiese la escuela. Sucedió también que no podía ir con la familia, porque decían sus padres que había mucha gente esperando para verla.
Todos querían ver a la niña que no podía salir a la calle. Olvidados de su belleza sólo sabían que era una niña escondida. Podría ser una niña tan fea que sus padres no querían hacer daño a nadie con su visión. Eso pensaban algunos que no la podían ver, pensaban que:¿por qué si no, unos padres van a encerrar a una niña de 9 años en su casa? Otros creían que era una niña peligrosa, que pegaba a la gente, y que no querían que saliese para que no atacase a nadie, o que la niña tenía un problema de salud, que no podía caminar o hablar o ver. Algo debía pasar para que no la dejasen salir, algo horrible.
Pero no era así. La realidad era que la niña no salía de su casa sólo porque era demasiado hermosa y los padres tenían miedo de que la hiciesen daño. No había nadie en el pueblo que la recordase de cuando era pequeña y su hermosura hacia sonreír a todos los que la veían. No recordaban como fue y como jugaba con todos, su alegría, su sonrisa, sus ojos, su cabello, su hermosa cara, su vida, todo quedo olvidado.
Ella se sentía tan sola y tan mal que su amigo especial tuvo que hacer algo para que se sintiese mejor. Su amigo llamó a un amigo suyo, un amigo también mágico, y le pidió que la dejase salir a ver el mundo. Sabía que no podría hacer eso con el cuerpo que tenía, necesitaba un cuerpo especial, un cuerpo que nadie lo viese, porque si sus padres se enteraban que había salido y había desobedecido su mandato, ella podría tener problemas por su culpa. Entonces tenía que ser un cuerpo transparente que solo ella pudiese ver, y le dejaría visitar todo el pueblo sin que nadie la viese. Así sucedió que la niña ya podía salir, pues la dieron un cuerpo mágico especial para que saliese a la calle sin que nadie la viese. Mientras supuestamente ella se echaba la siesta o dormía, su cuerpo se quedaba en casa yaciendo sobre la cama o el sillón, mientras ella cogía su cuerpo mágico y salía a la calle. Su cuerpo mágico era demasiado luminoso, era tan transparente que no la veía nadie, pero los seres mágicos si la podían ver porque resplandecía de alguna manera que no se puede contar con palabras, resplandecía con colores mágicos, luces y colores salían de su cuerpo mágico. Ella no veía estos fuegos de luz que salían de su cuerpo mágico. Salía con él a la calle y se encontraba con la gente. No podía hablar con nadie porque desde ese cuerpo no la podían oír, pero podía entrar en las casas, ver a la gente, sentir su presencia y querer a más gente. Quería ahora a todos los niños, a los mayores, a todos, porque se sentía muy cerca de ellos. Podía estar con todos los que quería, podía hacerles compañía cuando lo necesitaban y jugar con los niños a su manera. Nadie la veía pero ella estaba muy feliz porque ahora podía salir. Ya no estaba encerrada.
Ocurre que cuando una persona esta feliz todo en su vida se vuelve más hermosa, incluso la hermosura misma, y así ocurrió que al estar ella tan tan feliz se volvió mucho más hermosa.
Hasta tal punto llego su hermosura que sus padres empezaron a preocuparse seriamente de tener una niña tan hermosísima. Ya no la querían. Se había convertido en una carga para ellos. Una niña así, tan hermosa, podría ser el centro de miras, de disputas, de peleas, de broncas de todo tipo, todos querrían verla y, quién sabe lo que puede hacer en la vida una niña tan hermosa, tendría alguna función la belleza, ninguna, pensaban ellos.
Ellos creían que la belleza no tiene utilidad alguna, así que su hija no tenia ninguna utilidad. Decidieron que debían cambiarla: debían hacerla fea de alguna manera. No estaban intentando dañarla o hacerla mal, creían que hacían lo correcto. Su única intención era que la niña dejase de ser tan guapa para que pudiese ser libre de la tortura de su propia belleza.
Pensaron que seria lo mejor para ella y así ocurrió que un día prepararon una bañera con un líquido especial para que dañase el hermosísimo cuerpo de la preciosa niña y se convirtiese así en una persona más fea. Pero no se dieron cuenta que el amigo especia de la niña lo estaba viendo todo y avisó a la niña:
- Quieren que te hagas fea - le dijo -. Quieren que te metas en una bañera que han preparado para que tu belleza se vaya.
Ella pensó que debía hacerlo. Pensaba que era lo correcto porque sus padres lo habían preparado pensando en lo mejor para ella. No le importaba volverse fea, ella solo quería que la quisiesen por como era, y si no la querían por ser hermosa y la querrían fea, entonces se metería en esa bañera para volverse fea. Pero su amigo no estaba muy contento con la idea. No se sentía nada bien con lo que sus padres iban a hacer y llamo otra vez a su amigo mágico y le contó lo que estaba pasando.
El amigo mágico decidió que eso no podría llevarse a cabo. Decía que la hermosura de esa niña debía de mostrarse porque Dios así lo quiso, él fue quien le dio esa belleza, él había decidido que fuese esa niña así de hermosa.
No la dejaron entrar en la bañera. Le dijeron que como tenía dos cuerpos, metiese en la bañera el cuerpo transparente, que sus padres lo podrían ver gracias a un fuego especial que los amigos mágicos colocarían en ese cuerpo. Ahora los padres podrían ver ese cuerpo por un día, ella metería en la bañera ese cuerpo de cristal y se marcharía con su otro cuerpo, el de verdad. Así lo hizo la niña siguiendo las indicaciones de sus amigos y se marcho.
El cuerpo cristalino ahora visible, salió de la bañera horrible, tenía un aspecto de bruja mala de cuentos horribles. Tenía la cara destrozada por esos líquidos que habían echado sus padres y la nariz, la vista, todo estaba torcido, cambiado. La niña se asusto mucho al ver esa cara que la habían dejado y pensó que sus padres no la debían de querer mucho si habían deseado que fuese así.
La niña comprendió que no eran otros los que podrían dañarla o no podrían quererla como era, si no que eran sus propios padres los que tanto la deseaban el mal para ella y para su vida. Descubriendo esto, no quiso volver a verles, así que cogió sus cosas y se marchó.
Dejo con sus padres ese viejo cuerpo de cristal ahora tan destrozado y sin decir nada marcho a casa de sus abuelos, allá en el campo, a las afueras, donde sabia que la aceptarían como era.
Cuando la niña llegó a casa de sus abuelos, la puerta estaba cerrada y parecía que no había nadie, habían cambiado algunas cosas en esa casa desde que no iba de pequeña. La casa estaba diferente, algo no estaba igual. La casa tenia distinto gusto, olor e incluso color. Algo no estaba igual y la niña se sentía diferente allá. Llamo a la puerta y tras esperar un buen rato descubrió que nadie salía a recibirla. Supuso que sus abuelos estarían en otro lugar y decidió entrar por su propio pie. Cuando abrió la puerta vio que estaba la casa vacía, que no había nadie y que no parecía que hubiese nadie desde hace mucho tiempo. Tal vez sus abuelos se habían marchado, tal vez habían ido a algún lugar lejano, tal vez ellos estaban en otro lugar. Pero ahora, ella necesitaba entrar y quedarse en algún sitio, pues ya no tenía donde ir. Su casa era demasiado peligrosa para ella pues sus padres esperaban que se hubiese convertido en una niña fea y ella no lo había echo. Cambio el cuerpo en el último momento y ellos no se dieron cuenta.
Como no había nada en la cocina y tenia hambre, salió a la calle a buscar comida. Así descubrió que en la calle tampoco había nadie. Estaba todo vacío: el campo estaba vacío y las casas de las demás personas también parecían estar vacías. Sintió miedo pero espero un buen rato a ver si alguien aparecía. No veía a nadie y como tenia hambre fue a buscar comida a casa de alguna persona.
La niña estuvo yendo de casa en casa pidiendo comida pero nadie la abría la puerta. Parecía que no había nadie en las casas. Estaba todo vacío, incluso su casa estaba vacía, o por lo menos así se veía desde fuera, pero tenía tanto miedo que no pudo entrar a comprobarlo.
Como tenia tanta hambre volvió a casa de sus abuelos y descubrió que había un árbol frutal en la entrada. Cogió frutas y se puso a comerlas y así se alimentó. Después de comer se echo a dormir en una camita que había en la casa de sus abuelos. Durmió tranquila, esperando despertar y descubrir por qué no había nadie en las casas de sus abuelos y de las demás personas. No veía a nadie, sólo ella estaba en el pueblo, y tampoco recordaba que el pueblo estuviese tan vacio cuando salió de la casa de sus padres.
Al desertar volvió a salir a la calle. Sabía que había gente en las casas porque ahora veía las luces de las casas y veía sombras y colores desde fuera, pero nadie la abría la puerta. Nadie la escuchaba su llamada y parecía estar sola en el pueblo.
Por las calles cuando paseaba alguien no la veía y si la veía no la hacían caso. No eran capaces de descubrían su belleza porque no eran capaces de verla. Estaba tan asustada que así paso varios días llamando a todos y esperando que alguien viese su rostro, gritando y llamando a todos los que veía, pero nadie la veía.
Con el tiempo vio que podía entrar en las casas de las personas sin que ellos la abrieran la puerta. Comprobó que nadie la veía dentro de las casas. Era como cuando su cuerpo transparente la hacia ir a las casas de otros. Pero la debían poder ver porque su cuerpo mágico de cristal se había quedado en casa de sus padres, o eso pensaba la niña. Pensaba que su cuerpo de cristal ya no existiría jamás, ahora estaba en su cuerpo de verdad.
Así paso un día, y dos, y tres, y la niña estaba perdida en el pueblo, de casa en casa, buscando alguien que la pudiese ver. Su amigo especial no estaba y su familia no la veía. Nadie la veía. Sólo ella sabía que estaba en el pueblo. No la echaban de menos tampoco. No la buscaban ni la tenían por perdida. Habían dejado de pensar en ella, era como si no existiese.
Ocurrió así que llamo a todos los que vio, pero no la escucharon, y cuando se canso fue a casa de sus abuelos y allí si quedo encerrada. No quería salir porque sabía que no la veían, y tenía miedo de estar sola. Ya no quería que la viese nadie.
El amigo especial que tenia no estaba. Según la dijo, tuvo que marcharse al dejarla entrar en la bañera con el cuerpo de cristal- No podía estar cuando ella entrase en la bañera porque decía que había echo mal al dejarla que llegase allí. Estaba asustada, no quería estar tan sola, no quería estar allí. Su amigo marchó y no volvió.
Tenía tanto miedo que se quedo sola en la casa de sus abuelos esperando una respuesta a sus preguntas y sus lloros. Ya no podía volver a casa de sus padres, porque allí no había quien ella esperaba y porque no la veían, no podían notar ni si quiera su presencia.
Con el tiempo la niña dejo de intentar comer o intentar dormir. Se quedaba despierta día y noche y sólo buscaba a gente que la pudiese hablar. Paso tanto tiempo así, en medio de la nada, que no recordaba la primera vez que entro en ese estado. No recordaba como fue y que había pasado. Recordaba que había gente que la conocía, pero no sabia en cual de todas aquellas casas o quien era. No recordaba que era una niña hermosa, ni si quiera recordaba lo que era la hermosura o la infancia. No recordaba nada, solo sabia que estaba en un lugar en medio de todo y no podía ir a ningún sitio. Estaba perdida.
Pasó el tiempo y un día un niño la vio. Ella se sorprendió que alguien la viese tan claramente. El niño le llamo gris y le dijo que le daba miedo. La niña tenía más miedo aun:
- ¿Cómo que soy gris? -. Le pregunto.
Pero el niño no quería hablar con ella.
- ¿Por qué dices que soy gris? - Le insistía ella - . ¿Cómo soy? ¿Por qué dices eso? ¿Soy gris de verdad? ¿Tengo algo gris?
Y el niño después de mucho evitarla le contesto:
- Todo lo que tú eres es gris. Se te ve gris y apagada. Deberías marcharte a otro lugar donde nadie te vea. Eres horrible. Toda gris, nadie te quiere ver aquí.
Ella tuvo tanto disgusto y sintió tanta soledad que se marcho a donde sabía que la querrían, a la casa de sus abuelos. No recordaba que esa casa era de sus abuelos, pero allí se sentía bien. Sabía que allí no les importaba que estuviese. Estuvo allí mucho tiempo más, tanto que la casa cambio de nuevo. No podía salir porque creía que era gris y nadie la querría. Que si la veían se asustarían de verla.
Paso así el tiempo, encerrada otra vez, y al tiempo decidió marchar de nuevo. Decidió salir a ver si alguien le decía que ya no era gris, que era blanca o luminosa. Si alguien la podría ver y la decía que ella era buena y no debía estar encerrada se sentiría muy feliz.
Y ocurrió que salió a la calle y nadie la vio. Pasó un día y otro y estuvo vagando por las casas y las calles pero no la veían. Su cuerpo se estaba deshaciendo pero ella no lo sabía. Ella pensaba que no estaba, que estaba en otro lugar, por eso no la veían. Pero no conseguía estar en el lugar que debía estar. No recordaba como era la vida, ni como era ver las cosas bien, descubrir la mañana, el sol, el viento, no recordaba nada.
A los días de estar así, otra vez tan perdida, alguien la pudo ver. Alguien la vio desde una ventana, desde donde ella no podía saber que la miraban. Estaba tan cansada de vagar por las casas y los lugares que decidió quedarse allí en medio, parada, y aquella persona desde aquella ventana la pudo ver.
Aquella persona la sentía cansada y sabía que estaba fuertemente enganchada a la vida. Sabía que esa niña que estaba allí muerta, se había perdido. No era ya una niña, era un espíritu. Tal vez murió hace mucho tiempo, cuando tenía 9 años de edad. Tal vez murió pensando que no había muerto, pero estaba tan perdida que no podía irse a ningún lugar. Decidió que debía cambiar aquello y no sabia como. La llamo:
- Ven, - le dijo - ven aquí.
Y la niña al escuchar la voz sintió que alguien la llamaba desde algún lugar del alma:
- Ven conmigo.- le decía.
Entonces ella apareció de pronto frente a la persona que la llamaba.
- Ven, no tengas miedo. ¿Sabes donde estas? ¿Sabes todo lo que esta pasando?
- No - dijo la niña - . No se que hago aquí. Ayer estaba en casa de mis abuelos y nadie me ve.
- No te ven porque ya no eres una niña, tu cuerpo ya no esta. No tienes cuerpo físico.
- ¿Entonces esto que es? - Le pregunto la niña.
- Eso es tu alma. Tu espíritu esta deshaciendo lo que te queda de esta vida. Pero ay algo que te ata a esta vida, algo te ata muy fuertemente.
- Pero yo quiero ir a casa con mi abuelo y mi abuela, quiero estar con alguien, no quiero estar sola.
- Entonces, ¿sabes lo que te ata? Tal vez sientas miedo de estar separada de las personas que te quieren. Pero has de pensar que debes irte. Puedes irte cuando quieras.
- ¿Dónde?, - Le dijo la niña asustada - ¿donde puedo irme? La casa de mis abuelos esta vacía, y en mi casa no me quieren ya. No saben que estoy y me tratan mal cuando están conmigo, me pegan y me han encerrado y hace poco me metieron en una bañera para que me volviese fea. La niña no recordaba estas coas pero sabía que tenía que decirlas, inconscientemente sabía que era esto lo que la ataba. Sabía que estaba allí por algo, y que tenía que contar todo esto. El hombre que la llamo le dijo:
- Tus padres ya no están, ellos se fueron, y tus abuelos. Tú no deberías estar aquí todavía. Ellos te están esperando en otro lugar. Ve, sigue el ángel que te guía hacia ellos. Sigue la luz que te llama. Guarda un secreto: tú tienes que estar aquí sólo para que esto no se repita más veces, para que las personas que han pasado por una muerte similar sepan de que manera deben irse. Tienes que irte ya. Ya sabes para que has estado en esta vida, en este lugar. Ahora vendrán a buscarte para que te vallas, y no tengas miedo, porque allá donde vas, no estarás sola, no te dejaran estarlo. Sólo has de seguir al ángel que te guie hacia el cielo. Con el estarás a salvo.
La niña se sintió convencida de que así sería y se quedó en la casa de aquella persona esperando que llegase ese ángel. Apareció un ser luminoso, un ser claro como la luz, tan claro y brillante que la niña tenía miedo de mancharle con su cuerpo gris, pero el ser tenía que llevarla a su casa de nuevo, a su verdadera casa.
Ella se despidió del hombre que la había ayudado a irse y marchó con el ángel. Ya no tenía miedo porque sabía que estaba haciendo lo correcto, alguien la había visto y la había ayudado. Ahora podía irse y ya no tendría que temer. Se marchó y, juntos, el ángel y ella, llegaron a un lugar mágico donde la esperaban hacia mucho tiempo muchas personas que ella no recordaba conocer: la esperaban sus padres asustados porque sabían que ella se sentía muy triste y sola, y sus abuelos también la esperaban. Llevaban años esperándola, y juntos se fueron a su verdadero hogar.
No paso mucho tiempo cuando un ser de luz bajo a la casa de este hombre que había ayudado a la niña, y le dijo que había hecho bien, que esa niña necesitaba que la tranquilizasen porque tenía tanto miedo que no podía irse a su casa. Y el ser de luz se marchó, no sin antes agradecerle lo que había hecho con un inmenso abrazo lleno de amor. El hombre supo que todo había acabado bien. Y ya no tuvo de que preocuparse, porque la niña ahora ya estaba en su verdadero hogar, con su verdadera familia, con su verdadero cuerpo de luz, consciente y sin nada de miedo. Todo había acabado ya.
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