Mensajes Espirituales

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La fuentecilla de agua

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Hace mucho, mucho tiempo, en un bello lugar del planeta Tierra, había una pequeña fuentecilla de agua natural.

Se decía que las más hermosas ondinas se deslizaban a través del agua de la fuente para sentir la suave espuma del agua formarse, y regresaban después arriba a través de la corriente. Eran ondinas preciosas y las sílfides siempre las acompañaban uniéndose en pequeños saltos de agua y movimientos rápidos ondulados de luz y color.

Las ondinas reían, las sílfides reían, el Sol era feliz en este femenino espectáculo de agua, luz, calor, color. Todo se abandonaba una y otra vez en esta pequeña fuente donde sólo existía paz, silencio, armonía, alegría, amor… Todo se desarrollaba en el “momento presente”, y no había más que eso.

Una vez, un ser masculino oscurecido por las emociones de miedo y otros venenos, se asomó desde las alturas a ver la gran fiesta de agua y color que se desarrollaba. No le gustó tanta alegría y creyó que era el momento de romper con esa cascadita de agua, pensó en idear un plan para que el agua dejase de brotar por aquella fuente natural y así robar a esas sílfides y ondinas su alegría y su energía vital para fortalecerse y crecer a costa de ellas. Pero esto no ocurrió así, el ser olvidaba que el agua de la fuente, siempre fluye de forma natural, y aunque alguien intente desviar su flujo, el agua siempre acabará encontrando su sendero natural, una y otra vez, regresará al mismo lugar. Y así ocurrió. Los duendes me lo contaron así, y yo misma me acerqué a ese lugar mágico donde se encontraba la fuente mágica y lo pude comprobar con mis propios ojos.

El ser oscuro intentó llamar a sus aliados, eran muchos y ninguno amaba la alegría ni tenía ilusión, simplemente buscaban ruido, fuerza bruta, mente ahogada en ruido y estrés. Y ninguna de estas cosas había en la pequeña fuente de luz y color. Entre todos los seres oscuros, usaron toda su fuerza y poder mental para deshacer el agua de la fuente hermosa, y la fuente poco a poco se fue secando. Triste, llorosa, dejó de caer agua hasta que sólo unas pequeñas gotas se deslizaban entre ramas húmedas, pequeñas piedras. Se empezó a formar fango que poco a poco llamó a seres de tierra y elementales que deshicieron la fuente para formar un caminito de barro.

El agua, poco a poco, dejó completamente de caer hasta que ni una sola gota se deslizaba por la antigua fuente de agua, y las ondinas se apartaron para acercarse a otros lugares donde el agua brotase, y las sílfides marcharon a lugares donde el aire fuese cálido, limpio, agradable.

La antigua fuente de luz y color desapareció y sólo una pequeña guardiana del agua quedó para recordar lo que ese lugar había sido.

Y la pequeña guardiana se llamaba Básica porque su forma y su energía recordaban las primeras formas del agua en formación: el agua clara, cristalina, creada del viento, del aire, de las formas primeras de mar y se transformaba en pura agua dulce a través de la condensación.

Básica era azul, transparente, hermosa, con una belleza tal que las flores la admiraban y la luz del cielo se conmovía cuando ella pasaba. Pero Básica estaba triste, ella guardaba una fuente que hacía tiempo que no existía, se la habían llevado su fuente, la habían deshecho y se la habían llevado unos seres malvados, unos seres que sólo buscaban deshacer la magia y la luz de ese lugar. Todos se habían marchado.

Ella, triste, recordaba una batalla, recordaba el aire enfurecido, y recordaba cómo tras los silfos soplando fuertemente, apareció aquel aire frio, tan frio tan frio que no permitía que hubiese más viento suave en aquel lugar. Y ya no quedaban más hermanas ondinas, sólo elementales del fuego, de la tierra, de las plantas, pero no del agua como ella, ni del viento suave y cálido. Ya no quedaba más que fango, piedras, enredaderas, frio, soledad.

Pasó así el tiempo y la joven guardiana estaba triste, no recordaba lo que había sido de aquél lugar, solo sentía aquel frío y tristeza. Los duendes conmovidos la llevaban regalos bellos para que se sintiese mejor: piedras hermosas, hojas con forma de estrella, resplandores dorados entre las gotas de rocío de la mañana… pero ella se sentía triste.

Poco a poco lograron hacerla sentir un poco mejor, y un día la joven guardiana, viendo el mágico amanecer, cogió de la tierra la humedad que necesitaba para lavarse el rostro, y se puso manos a la obra para rescatar el agua del fondo de la tierra.

Llamo a los vientos, llamó a los espíritus del cielo y les pidió remover la tierra, y llamó de regreso a los guardianes de las cavernas de agua submarinas, y les pidió, a todos, que sanasen y removiesen aquel lugar donde ella se encontraba. Les dijo:

-He visto el alba una y otra vez y ya obtuve una respuesta: este tiempo de luto, de miedo, ha de acabar. Se acerca una renovación, y el agua ha de volver a su cauce, y el agua ha de volver a su verdadero cauce.

Y así se despertó la tierra, se removieron las entrañas de la tierra, y Básica, la bella y dulce guardiana de la fuente de luz, se detuvo a cantar sobre una gran roca donde hacía tiempo el agua de la antigua fuentecilla salpicaba de tanto en tanto pequeñas gotas de agua.

Y cantó tan dulce que el cielo se removió y las más bellas y grandes sílfides se acercaron y se conmovieron al escuchar su voz. Eran seres enormes de los cielos creadores de las grandes nubes rosadas y los vientos más suaves y agradables que acompañan a los amantes en sus primeros encuentros. Las grandes sílfides pidieron a la joven guardiana que se calmase pero Básica seguía cantando porque su corazón necesitaba agua, tenía sed de Amor, de alegría, de vida. Y otra vez, por fin, quería fluir con la vida y el agua vital interna.

Las grandes sílfides de los aires llamaron a los sílfides jóvenes para que removiesen el cielo y la tierra con una pequeña tormenta, y junto con la lluvia que movía el suelo, se despertaron temblores.

Básica no hacía más que cantar y llorar de emoción. Ya no eran lágrimas de tristeza, sino de purificación. Y sus lágrimas llegaron al suelo, a la tierra, y los duendes se sonreían por este mágico espectáculo, y la tierra, al sentir sus lágrimas, se agrietó y se abrió completamente y el agua comenzó a brotar del subsuelo.

Pronto se sellaron las juntas del suelo otra vez y el cielo paró de tronar. Se despejaron las nubes y una bella y una gran sílfide se quedó observando a la pequeña guardiana de la fuente de agua. Cuando la bella guardiana detuvo su canto, la gran sílfide le señaló como todo se había pasado y le dijo:

-Aquí tienes tu agua joven princesa y guardiana de la fuente.

Y tras decir esto, quedó observando la reacción de Básica al ver de nuevo el lugar.

Básica, ahora princesa del agua, secó sus lágrimas mientras las sílfides más jóvenes y hermosas empezaron a acercarse y las más bellas ondinas del antiguo riachuelo subieron por la corriente de agua al oír el agua brotar de nuevo del fondo de la tierra, y al momento, hubo una gran explosión de agua fresca que saltaba de un alto formando una cascada renovada, un agua que limpió el lugar y bañó en frescura y alegría a la bella guardiana, quien entre tanta alegría que sintió, solo pudo decir:

-Gracias.

Todas las ondinas se empezaron a bañar en la nueva fuente, tan grande y tan hermosa que se convirtió en una cascada de agua mágica, un gran manantial de luz con una caía hermosa y colorida gracias a las sílfides que recreaban efectos de luz a su paso por el agua. Y la bella Básica se limpió y purificó en las aguas de su cascada renovada, ahora más grande, más fuerte y más bella que nunca, y por fin dijo:

-El agua, ha regresado a su cauce.

Y esta es la historia que relatan los duendes y elfos de aquel lugar, allá arriba en la gran montaña sagrada, donde cuentan que una vez hubo una pequeña fuente que se secó y al tiempo retomó el agua su cauce en forma de una gran y hermosa cascada de agua, un lugar donde aun brota la energía y la vida y donde nunca faltan ondinas bailando con el viento y colores de arcoíris, incluso en los días del frío invierno, cuando el agua se congela y sólo gotas de agua se escurren entre la nieve y el hielo, aun entonces aparecen mágicos resplandores de colores.

Y esos mismos duendes nos recuerdan como en la vida, todo regresa a su cauce, solo que a veces hay que tomar decisiones determinantes para que esto ocurra antes, y llamar con nuestro corazón a nuestra energía sagrada para que regrese embellecida y completa.

Gracias por leer este cuento y refrescarte en sus aguas de renovación y pureza.

 

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