Febrero 25 de 2011
Ante las discusiones de la humanidad acerca de si el Dios es este o aquel, y partiendo del principio de igualdad, y de que también nosotros podemos ser dioses; sin mencionar la historia porque ella se encuentra en los libros, voy a exponer en este texto conclusiones de este tema.
Hay una sutil diferencia entre ser dioses y creernos dioses, lo que si es seguro es que somos parte del todo, y ¿que es el todo?, podríamos decir que es Dios, entonces ¿que somos? Pues somos Dios. Dios, no dioses, que es bien diferente. El ser Dios es ser parte del todo, el ser dioses significa que
al ser varios, hay “división”.
Si decimos “somos Dios”, hay unión.
Si decimos “somos dioses” o “existen dioses”, hay división.
Si hay división, no hay amor.
La unión es amor.
El amor referido en este escrito no es el de los enamorados, es el amor universal, la principal causa de nuestra venida a la vida, el llamado a conocerlo y vivirlo, hacer parte de él es nuestra grandeza, nuestro destino predilecto, nuestro premio al haber nacido.
Es un juego de palabras delicado en el asunto, una cosa es lo que nos creemos y otra cosa es lo que somos.
Muchas veces creemos que podemos obtenerlo todo, y eso es cierto, siempre y cuando Dios lo quiera, ahí estamos siendo lo que somos.
Cuando somos lo que somos hacemos parte de Dios y podemos gozar de toda su creación, hasta siendo hacedores nosotros mismos, siguiendo los parámetros contemplados en nuestro plan de vida, el cual fue definido previamente a nuestro nacimiento acorde con el plan divino, ambos planes trazados por el padre, y para nuestro caso particular definido por nosotros mismos, en consentimiento de él, así que en ese contexto hacemos parte de su ser, pudiendo ser él en amor, cumpliendo con las leyes divinas.
Simplemente no podemos andar siendo dioses y creando a nuestro antojo, debemos ser responsables de nosotros mismos y decidir por nosotros, por eso el libre albedrío, pero hay de aquel que trasgreda los parámetros impuestos por el padre que correspondan al orden de la integridad basados en el amor al otro y a uno mismo, es ahí cuando podemos pasar a ser irresponsables, a demorar el apoyo divino y es nuestra decisión permanecer en ese orden.
Los mandamientos son fáciles de entender, siempre nos los han enseñado y los tenemos claros, y el respeto por el camino del otro es nuestro primer llamado. A veces queriendo hacer bien nos tomamos la vida del otro como si fuera nuestra, creyendo que estamos colaborando para que todo le salga bien, y es ahí cuando estamos irrespetando su camino, interfiriendo y dañando, a menos de que él nos lo haya pedido, no debemos intervenir, por mucho que nos cueste quedarnos quietos, si queremos ayudar, esperemos el llamado, la petición del otro, recuerden que esos llamados no siempre son en palabras o en llamadas telefónicas, hay llamados implícitos en las relaciones, hay llamados del alma y es allí donde esta nuestra capacidad de discernimiento, éste nos ayuda a diferenciar y a escuchar o asimilar estos llamados, allí deberíamos actuar, porque una ley importante del universo y que es cumplida por todos nuestros guías, maestros y ángeles protectores asignados desde el nacimiento, es la de “no intervenir mientras no sea pedido” y es ley del universo, el que trasgrede esta ley, trasgrede el ser y no podemos obrar por lo que nos parezca sino por lo que es. Como dijo una gran amiga, no hay que tenderles el puente, porque podría perder su oportunidad de aprender, hay que dejarlos caer al agua, inclusive, para que aprendan la lección que corresponda en ese momento, eso sí, podemos acompañarlos en el proceso y hacerles comprender que dentro de sus derechos como ser humano está el pedir, y al que pide se le da.
Así que la invitación es a que en estos tiempos estemos atentos a nuestras acciones, conscientes, dispuestos a ver, a entender, a discernir y planear día a día responsablemente tratando de medir las implicaciones que tienen las decisiones tomadas no solamente en lo que creamos importante, sino en la cotidianidad de la vida, no es nada del otro mundo, es así de simple, vivir día a día siendo conscientes de cada acto nos acercará a la fuente divina, a ser Dios.
Marisol Rios R. |