Océanos turquesa, azul profundo,
de mi boca hasta la lluvia,
mares de vida.
La vida bendecida
en gestos sinceros
pequeños y de luz.
Meditación
Tomamos aire, y en cada inhalación sentimos que tomamos luz.
Nos llenamos de luz y vamos despojándonos de las preocupaciones.
La respiración nos trae al aquí y ahora.
Sentimos el aire ingresando por nuestras fosas nasales y nos volvemos conscientes de la humedad del aire, tanto al inhalar como al exhalar, sentimos que no es sólo aire sino también luz y agua.
Como un árbol, sentimos nuestras raíces que van hasta el Corazón cristalino de Gaia.
Nuestras raíces se despojan de toda la preocupación, y suavemente se aferra al precioso Ser Planetario, a esa madre en que tranquilos dejamos caer las hojas en cada otoño, sabiendo que luego del invierno vendrá la primavera.
El agua nos mantiene con vida, no retenemos más que la necesaria para el tiempo en que estamos, no hay temor, simplemente lo que la estación nos marca.
Nuestras raíces oxigenan la tierra, impiden que el agua barra la tierra, retienen la tierra y el agua, para permitir toda la vida en nuestro entorno.
Sentimos el agua en nuestro cuerpo, al exhalar sanamos nuestras agua.
Permitimos fluir todo el líquido en nuestro cuerpo, liberamos todas las represas artificiales, no retenemos más las emociones, les permitimos fluir.
Si el agua se mantiene en movimiento se purifica.
Purificamos nuestras aguas y emociones.
Nos elevamos por las ramas más altas del árbol que somos, simplemente vemos un tunel por el que subimos libres en donde cada color va apareciendo y dando lugar a uno nuevo.
Llegamos a un hermoso valle y caminamos por una playa de arenas blancas.
Nos reunimos en un círculo y oímos el canto de ballenas, hermosas y valientes madres en el mar. Nos unimos a ellas en su canto, nuestro corazón imita el sonido y canta.
Todos formamos un círculo más estrecho y sentimos un llamado suave y amoroso.
Caminamos hasta un pequeño lago de aguas turquesa, que refleja rayos dorados y plateados.
Respiramos y en la orilla encontramos pequeños cristales.
Al tocarlos vemos como a cada uno de nosotros nos rodea un huevo áurico, que toma los reflejos y sana todas las grietas y heridas.
Y el agua turquesa nos baña por dentro.
Comprendemos que esa bendición debe ser para todos y que el camino de esa fuente es el océano... al comprenderlo, vemos que era el mismo océano quien nutre la fuente.
Libres fluimos con el agua y llegamos al océano profundo.
Dibujamos infinitos, espirales, códigos cetáceos, símbolos Reiki.... Delfines juegan y dibujan... Cachalotes que empujan olas de energía para nutrirnos... Ballenas que cantan y nos indican que se dibujan símbolos ante nosotros, música del Sol penetra por las aguas, texturas que vamos recordando en nuestro corazón.
Abrimos a más no poder nuestro corazón y dejamos salir al mar todo nuestro Amor.
Damos gracias al mar, a los árboles, a toda la vida a nuestro alrededor.
Descubrimos que a medida que nuestro corazón da no puede quedar vacio, que es parte del mismo océano, que es parte de Gaia y nosotros UNO con el todo.
Lentamente el sol nos vuelve nube.
Y llovemos Amor y Alegría.
Llegamos en agua hasta las raíces de nosotros mismos.
Lentamente la respiración nos trae a nuestro cuerpo.
Damos gracias a toda la vida. |